El verdadero valor no está en el precio
Últimamente me ronda mucho la cabeza este tema. El valor. El valor real de las cosas. No lo que cuestan en euros, sino lo que realmente aportan. Las cosas, los servicios, no valen lo que pone en una etiqueta, sino lo que hacen por ti, por tu vida, por tu bienestar, tanto físico como mental.
Un apartamento no vale X € por noche. Ese es su precio, sí, pero no su valor. Lo que realmente vale es lo que le da al cliente: ¿unas vacaciones inolvidables? ¿Unas vacaciones incómodas, con malos olores? ¿Un descanso que le permite desconectar del día a día? ¿O unas vacaciones que desea que se acaben cuanto antes?
Eso es lo que realmente vale de tu apartamento: lo que tú aportas a ese espacio y a tus huéspedes.
Porque no, no basta con poner una cama, un sofá y dos toallas en forma de cisne y luego intentar pedir el máximo dinero posible por noche. Sí, vas a ganar dinero, claro. Pero poca cosa más. No te va a aportar nada. Ni al huésped, ni al entorno, ni a ti mismo.
Has tenido la fortuna de caer en un lugar que ya de por sí tiene un valor enorme, y del que tú mismo obtienes un beneficio. Pero no olvides que ese lugar no es tuyo, ni mío, ni de nadie: es de todos. El entorno es de todos, y tú estás sacando un beneficio gracias a él. Lo justo sería que hicieras lo mismo: que le entregaras valor, que lo cuidaras, que lo respetaras.
Comparte tu amor por ese entorno que tanto te da. La isla te ofrece lo mejor de ella para que tú puedas ganarte la vida. Devuélvele también lo mejor de ti. Ofrece una experiencia a la altura de lo que te rodea. Ofrece un alojamiento de calidad, donde pasar unas vacaciones sea algo más que dormir: que sea una experiencia increíble. El mejor campamento base desde el que descubrir las maravillas del entorno. Algo que se recuerde. Que deje huella. Mójate. Involúcrate. No te quedes en lo básico.
Porque cuando tú ofreces algo con valor, el precio deja de ser lo más importante. El que busca calidad no va mirando precios. Está buscando otra cosa. Algo que le haga sentir bien, que le conecte, que le aporte.
Un ejemplo fácil: un iPhone. Nadie se plantea si es caro o barato. Y barato no es, precisamente. Pero cada vez que lanzan uno nuevo, se forman colas para comprarlo. Porque la gente sabe lo que se lleva a casa. Saben el valor que tiene. Y no tiene nada que ver con el precio.
Salvando las distancias, tú puedes actuar de la misma manera. Haz que la gente haga cola para reservar en tu apartamento.
Para mí, ese es el turismo de verdad. El que pone en valor el entorno y lo ofrece con el mismo respeto y la misma intención. Es hacer turismo sostenible y responsable. Es hacer algo con sentido. Es tomar, sí, pero también dar. Es hacer las cosas bien. Es cuidar el entorno que te da de comer. Es aportar algo bueno al lugar en el que vives y trabajas.
Aumenta el valor de tu negocio, que existe gracias al entorno en el que se encuentra, y así también estarás aportando valor a la isla que te nutre. Y el dinero llegará. Todo cuanto quieras. Pero llegará con otro sentido. Con otra energía. Llegará bien.
Y te cuento esto porque estoy en ese proceso también. Estoy reencontrándome con mi forma de comunicar. No quiero enfocarme en hablar solo de rentabilidad. Porque antes de eso hay algo más importante: entender que lo primero es el valor. Y desde ahí, todo lo demás tiene sentido.
Quiero atraer a personas que estén en esa misma sintonía. Que vean más allá del dinero. Que quieran hacer las cosas bien. Porque cuando aportas valor de verdad… todo fluye.