Cómo empezó todo

Durante un tiempo, mi energía estuvo completamente centrada en cuidar: de mi hija, de la casa, de mi pareja. Y estaba bien, era lo que tocaba en ese momento. Lo viví con entrega, sin cuestionarlo demasiado. Pero a medida que mi hija fue creciendo, y dejó de necesitarme con tanta intensidad, empecé a notar que algo dentro de mí pedía espacio.

Sentía la necesidad de volver al mundo. De salir de la rutina, de encontrarme otra vez. No se trataba solo de trabajar, era algo más profundo. Me sentía perdida, como si me hubiera disuelto en todo lo que había hecho por otros durante esos años. Ya no sabía quién era, ni qué deseaba para mí.

Necesitaba algo a lo que agarrarme, una especie de tabla de salvación que me ayudara a salir a flote. Y sin buscarlo demasiado, lo encontré.

Había reformado mi casa sin tener ni idea de interiorismo, simplemente guiándome por la intuición, por lo que sentía que necesitábamos en ese momento. Y funcionó. No solo quedó bonita, sino que el ambiente que se respiraba hablaba de nosotros. Era cálido, acogedor, auténtico.

La gente que venía lo notaba enseguida. Me decían que se estaba bien, que se sentía paz. Al principio no le di mucha importancia, pero con el tiempo empecé a mirar con otros ojos lo que había hecho. A pensar que, tal vez, ahí había algo más que un simple gusto estético. Que quizá tenía una capacidad natural para crear espacios con sentido.

Esa idea fue tomando fuerza, y poco a poco empezó a convertirse en una posibilidad real. Empecé a imaginarme dedicándome a eso, construyendo algo propio a partir de esa intuición. Y fue entonces cuando decidí formarme. Me apunté a estudiar interiorismo, sin saber muy bien por dónde iba a tirar, pero con muchas ganas de aprender, de descubrir si realmente podía hacer de esto mi camino.

La verdad es que no fue fácil. Me costaba mantener la constancia, había días en los que la rutina podía conmigo. Y a eso se sumaba que estaba viviendo una relación que ya no me aportaba, que me restaba energía más que otra cosa. Había muchas dudas, muchos momentos de cansancio, pero aun así, algo me empujaba a seguir.

Con el tiempo, fui descubriendo cosas que no sabía de mí. Que tengo más fuerza de voluntad de la que pensaba, más ganas, más capacidad de reinventarme. Que disfruto muchísimo con la libertad de crear mi propio escenario, incluso cuando es agotador.

Descubrí también que no puedo separar mi vida de mi trabajo, que para mí están profundamente unidos. Que cuando cuido uno, el otro se nutre. Y que puedo aportar algo a los demás desde ahí. Desde esa mezcla de experiencia personal, sensibilidad y ganas de compartir lo que voy aprendiendo en el camino.

Hoy no estoy en un lugar perfecto. Mi vida sigue en movimiento, no tengo todas las respuestas, ni la seguridad que a veces me gustaría. Pero he aprendido a vivir con esa ambigüedad, con el “no saber”. Y también he aprendido que cuando haces las cosas desde lo que realmente eres, todo encaja de otra manera.

Unas cosas salen fáciles, otras cuestan más, pero todas suman. Y eso es lo que quiero contar en este blog.

No solo lo que hago, sino desde dónde lo hago.

Porque si hay algo que tengo claro, es que como es adentro, es afuera.

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Emprender no fue un plan… fue una necesidad de volver a vivir